Empresas innovadoras, gestión del estrés y mindfulness

Cada vez más empresas apadrinan el mindfulness como una herramienta para la productividad.

Gestión del estrés y mindfulness

La voluntad de ser leal a uno mismo, la ventaja de autorizar ideas nuevas, la convicción de que en las empresas el bienestar general e individual es uno, han motivado a múltiples empresas a adoptar el mindfulness como una herramienta de gestión humana.

Hay límites discernibles en los cambios que el organismo humano es capaz de absorber, pero si aceleramos continuamente los cambios sin determinar primero aquellos límites, podemos colocarnos como empresa o individuo en condiciones que, sencillamente, son difíciles cuando no imposibles de tolerar.

Podemos definir al estrés como angustia tanto física como psicológica, nacida de la sobrecarga de los sistemas físicos de adaptación del cuerpo, o, en otros términos, como una reacción humana a un excesivo estímulo. Esta puede puede manifestarse como apatía, depresión o enfermedades diversas.

Sus víctimas sufren con frecuencia erráticas desviaciones del interés y del estilo de vida, seguidas de un esfuerzo por encerrarse (física y mentalmente) mediante una retirada social, intelectual y emocional. Se sienten continuamente acosados y se empeñan en reducir el número de decisiones a tomar.

Para comprender este padecimiento debemos fatigar en campos tan diversos como la psicología, la neurología, la teoría de las comunicaciones y la endocrinología. Todo lo que estas ciencias puedan decirnos sobre resiliencia nos será de una impagable utilidad. 

El amor, la dulcificación y la empatía comienza en uno, es una elección. Mientras vivamos aquí, los asuntos mundanos no tendrán fin. En la carne y en la sangre no hay permanencia, incluso hasta el hombre o la mujer más poderoso parte solo.

Hay una versión mercantilista del concepto éxito según el cual el valor supremo, y la respetabilidad de las personas, las empresas y hasta los países depende de su su alto nivel económico. Paz a los que buscan, paz a los que giran demasiado rápido en la prosecución de sus deseos y a los que trabajan en sí mismos. Porque ayer y mañana son hoy. Todo está aquí, presente. 

La competitividad, no es solo productividad a ultranza, y mucho menos mercantilismo desaforado, también tiene que ver con la experimentación, el emprendimiento, la innovación y la iniciativa personal o grupal.

Ante el imparable auge de la tecnología, la transitoriedad de las funciones y la revolución en las comunicaciones, así como en las operaciones financieras la cultura corporativa de empresas como BBVA ya la han adoptado. 

Una de sus ejecutivas declaró sobre la filosofía de la que tratamos fue “algo que empezó de manera informal fue tomando forma y, con el aumento de la demanda, llegó a conocimiento del área de talento y cultura que se interesó por la iniciativa y decidió apadrinar y dotarla de recursos”.

Esta institución financiera no es la única y no se crea que es solo una nueva ola. Sociedades financieras cuyas dinámicas someten a sus colaboradores a un estrés elevado, tales como Goldman Sachs, America Aetna, General Mills o Santander desde hace décadas sostiene un matrimonio con las técnicas en cuestión.

De hecho de todo esto se habló dentro del World Happiness Fest, un foro global centrado en el análisis de la felicidad. Y esta no puede estar desconectada del mundo del trabajo. Todo esto en el  contexto del coronavirus cobra relevancia.

Nuestra batalla por gestionar eficazmente el estrés podemos empezarlo a nivel personal. Es evidente que, tanto si lo advertimos como si no, una gran parte de nuestro comportamiento cotidiano constituye, de hecho, un intento de evitar el estrés.

Empleamos gran variedad de técnicas para mitigar los estímulos cuando estos amenazan superar nuestro campo de adaptación. Estas técnicas, dicho sea de paso, las empleamos de manera inconsciente, pero, si las elevamos a nivel de la conciencia estas aumentan su eficacia.

Podemos entrenar para estudiar nuestras propias reacciones corporales y psicológicas al cambio, prescindiendo temporalmente del medio externo para valorar nuestro interior. No se trata de sumergirnos en la subjetividad, sino de sopesar y medir fríamente nuestra propia actuación.

También podemos actuar para regular el caudal de toma de decisiones. Cuando padecemos una sobrecarga de decisiones, aplazamos esas o las delegamos a otras. Con estos métodos intentamos regular el caudal de estímulos sensoriales, cognoscitivos y de decisión, procurando también equilibrarlos entre sí.

Por último en este artículo, podemos prever y regular el empleo del tiempo y de las emociones, además del  gasto de dinero. Esto a fin de fijar el porcentaje de tiempo y de energía emocional. La racionalidad social presupone la racionalidad individual, y esta, al mismo tiempo, depende no solo  de ciertas cualidades biológicas, sino tambień de la continuidad, el orden y la regularidad del medio. 

Fuentes

Por qué el mindfulness es beneficioso en las empresas, en CincoDías, suplemento de periodico El País. 

Burnout: qué consecuencias sufre el corazón de quienes padecen estrés laboral, en Infobae.

 

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