Mindfulness, empatía y bienestar

La empatía se puede ejercitar vía mindfulness y redunda en salud espiritual y física.

Mindfulness, empatía

Recta es la línea del deber, curva la de la felicidad; sigue la recta: entonces verás cómo la curva te sigue. Los contrarios se unen cuando empatizas con los otros. Los otros somos nosotros.

Es hora de recuperar los abrazos perdidos, las sonrisas tapadas, las manos que no estrechamos, el tiempo con los abuelos. Hasta hace unos pocos años, el término ahora tan divulgado en el idioma español, “empatía”, desde siempre fue sinónimo de “simpatía”, “compasión”, “piedad”, “solidaridad” y hasta “identificación” con  nuestros semejantes.

Mas mindfulness y empatía son principios tan antiguos como la civilización misma. Es amor, ecuanimidad y alegría: los cuatro inconmensurables estados de la mente. Enfocarse en el Presente, Reconectarse, vivir el Hoy, es una disciplina de salvación.

Como el estrés en un enemigo taimado sus síntomas a veces se disfrazan de molestias comunes a todos: fatiga, miedo, irritabilidad, súbitas rachas de amargura, pesimismo crónico o tristeza y una sensación de asechanza por parte de los demás, lo que nos pone a la defensiva. Pero cuando todo esto se acumula ha llevado a quienes las padecen de forma consuetudinaria a la hospitalización.

Los estudios científicos de la actividad electroencefalográfica en grupos de voluntarios que recibieron indicaciones de generar, mentalizar o visualizar estados de compasión,  empatía o una disposición de ayudar a sus semejantes arrojaron resultados sorprendentes. a saber:

En los análisis de los sujetos estudiados se desarrollaban oscilación de gran amplitud, en la banda de frecuencias gamma (25-42 Hz), especialmente en los electrodos lateral fronto-parietales; esto en contraposición a los grupos de personas en estados de estrés. 

Para el proceso de estudio, se aprovechó además el apoyo de monjes tibetanos, budistas y taoístas con amplio dominio en las técnicas, movimientos o estrategias de meditación. La conclusión: los procesos afectivos son de una plasticidad notable, y pueden desarrollarse a través de la meditación mindfulness.

 Pese a los prodigiosos avances  de la ciencia médica, la psicología y la bioquímica,  el cerebro humano tiene aún misterios por descubrir. Pero algunos cerebros son más misteriosos que otros. Y en efecto: dentro de nuestro cráneo ─han dicho neurólogos, psicólogos y otros científicos─ hay cerca de cien mil millones de neuronas.

Las hay de muchos tamaños y formas. Una sola de ellas tiene muchas dendritas (prolongación ramificada de una célula nerviosa) pero solo un axón (transmisor de impulsos nerviosos). Las dendritas y los axones a su vez forman un sistema de ramificaciones que unen a un sinfín de funciones vitales y nos llevan a ser quienes somos.

Es vox populi, que una vez pasada la etapa de formación del cerebro, la niñez e incluso la temprana juventud, alguien pueda aprender algo nuevo y con ello expandir los límites de la conciencia, aprender nuevas técnicas de manejo de la ansiedad.  (Al respecto hay un dicho que no es digno de mención).

La idea de que el cerebro una vez formado se fosiliza incluso ha sido defendida por  premios Nobel, como Santiago Ramón y Cajal en 1913 (pero recordemos que en su época tomaban a la frenología en serio).

Mucha agua ha corrido desde entonces y a la par de los hallazgos en el campo de la neurología, la neuroanatomía, la neurocirugía se ha demostrado la actualidad de los asertos de Freud respecto a la plasticidad de este órgano. 

Resumimos su tesis: el cerebro humano y en particular las nuevas conexiones de neuronas cambian en respuesta de las experiencias y adiestramientos (Proyectos de psicología científica).     

Junto con él muchos más, por ejemplo J.Z. Young quien sostuvo que la estructura del cerebro está en constante flujo, adaptándose a las necesidades exteriores “hay pruebas de que las células de nuestro cerebro se desarrollan y aumentan de tamaño con el uso y se consumen por falta de idem, cada acción deja cierta impresión en el tejido nervioso”.

En 1996, un grupo de investigadores italianos descubrieron un tipo muy singular de actividad neuronal que se presentaba en la corteza premotora de los macacos, cuando estos llevaban a cabo acciones motoras dirigidas a una metas, y asimismo, cuando otros individuos ejecutaban dichas acciones.  A esta actividad se le denominó neuronas en espejo.  

Las neuronas espejo en el cerebro humanos que es muchísimo más complejo que en los macacos cobran una importancia capital, la sensación de empatía en nuestra especie al desarrollarse redunda en lo social y en lo particular.

Volvamos al principio entonces: recta es la línea de deber, curva la de la felicidad; sigue la recta: entonces verás cómo la curva te sigue. Los contrarios se unen cuando empatizas con los otros. Los otros somos nosotros.

 

Fuentes

Infobae, Cuáles son los beneficios del mindfulness y quienes deberían practicarlos

Forbes, Mindufulness, la práctica que ayuda a los líderes a mejorar su atención.

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